Constelación Shanghai
[Gallery not found]Hay ciudades que sufren la maldición de su propio mito, cuyo nombre está unido a un pasado tan evocador y literario, que la realidad tiene que soportar una comparación desmesurada con un reflejo de si misma que quizá nunca llegó a existir. Shanghai es una de ellas, cortesana de sueños lúbricos coloniales, el turista casual espera encontrar un exotismo art decó con que llenar su memoria de muchachas en qipao, callejones misteriosos y paseos en rickshaw por un decorado de película pre-revolucionaria. Y, después de un día de correr de un lado para otro en esta megápolis entre el sonido de los claxon y el incesante movimiento, encerrado en un horizonte de rascacielos novísimos, se sienta agotado en el paseo del Bund, decepcionado.
Sin embargo, la enorme presencia física y vital de Shanghai deja espacio para todo tipo de sensaciones, salvo la desilusión. Paradoja de un desarrollismo a escala interplanetaria, este mundo ciudad, superpone de forma natural y llena de ingenio las más viejas soluciones con la última tecnología, el gesto amable de barrio con el pragmatismo de una competencia brutal. Apariencia de apariencias, consumista hasta el éxtasis, ingenua en su consciente esfuerzo de sofisticación, plusmarquista de una búsqueda de modernidad que hasta resulta anticuada.
Neón, teléfono móvil color malva, olor a jengibre, paraguas UV para protegerse del sol campesino, estación de petates con billete de ida, rincón familiar donde sirven cerveza, goteo de aire acondicionado en la acera, piezas de vieja bicicleta esparcida, viajero interior con acento rural, política de la que no se habla, río en el que respirar…. Encarnación irónica de las palabras de Lao Tse, en las que “dificultad y facilidad son abstracciones del progreso; cerca y lejos son abstracciones de la posición; fuerza y debilidad son abstracciones del control”.
Apuntes de una constelación de metrópolis, apenas un esbozo: Shanghai
© Luis Azanza 2002